Nuestro mochuelo



Un poco tarde, pero nunca es tarde para empezar a caminar, para soñar y para hacer el bien a nosotros mismos y a los demás.

Amigos de nuestro Mochuelo y de nuestra sociedad, no sabéis cuánto nos gustaría poderos dar toda clase de bienestar y de felicidad. Pero, sin ser un experto, hemos podido comprobar que la mayor felicidad es aquella que en realidad tú seas capaz de fabricar; y, cuando digo fabricar, quiero decir la que tú seas capaz de montar o soñar.

Muchas veces, muchos días, esperamos en cualquier esquina de una calle, de un pueblo o ciudad, que nos puedan dar nuestro bienestar, nuestra felicidad, sin saber ver que muchas veces no somos capaces de ver un poco más de lo que nos puedan enseñar o dar los demás.

No pares de hacer, no pares de andar, no dejes de buscar ni de soñar, pues por mucho que nosotros nos digamos que no tenemos tiempo, los días, queramos o no queramos, para todos tienen 24 horas, las que tú y yo tenemos que saber administrar.

Y, por favor, que no he venido a darte lecciones. He venido por mi propia voluntad, y además tengo muchos defectos de aquellos que puedan tener los demás; por eso quizás intento no quejarme, sino mejorar, de verdad. Me falta, nos falta mucho, pero entre todos lo podremos mejorar.

Amigo, amiga, jóvenes o mayores, no te quejes, no me llores: la vida es un camino que tenemos que andar. Pues, caminante, no hay camino, se hace camino al andar.

Este escrito puede estar como cada cual lo pueda sentir, ver o soñar; pero, amigo, amiga, debemos mirar la vida con entusiasmo y verdad, porque caminante, no hay camino…

Os cuento que, no hace mucho, precisamente en Semana Santa, estuvimos en el pueblo, acompañados de Carmen, nuestra hija, y de nuestro nieto Guilhem. Fuimos en avión hasta Sevilla, donde alquilamos un coche, que condujo Guilhem todo el rato, como algo muy natural.

Pues no podemos negar que los años pasan para todos, pero, sin lugar a duda, la juventud es la juventud. Y mucho más todavía hoy, donde la comodidad de la tecnología moderna… supera lo que no hace mucho no podíamos imaginar. Recuerdo que, recién venido a Barcelona, yo diría que a Martorell, era totalmente imposible soñar en estos momentos donde podíamos estar.

Pues pienso en mi primer viaje al pueblo: yo, que lo viví, no me lo puedo imaginar. Digo mi primer viaje, y algunos más. Pero, si tú me lo permites, lo dejamos para otro día. Me lo apunto para ver si algún día fuese capaz de contaros un poquito más.

Hoy quizás nos tenemos que alegrar con lo que ya tenemos, que, como quiera que sea, son regalos que nos da la vida. Pues todos estos avances, y muchos otros que podrán llegar, deberían ser positivos y poderlos disfrutar.

Nuestro amigo, que es vuestro amigo, el Mochuelo, os manda un abrazo junto con un saludo lleno de felicidad de vuestro amigo y compañero, vuestro amigo Juan.

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