Jesús Quintero. El loco de la colina
Quizás haya algunos de los que puedan leer mi escrito que no sepan quién fue este señor, hoy ya muerto hace unos años.
Para mí, todo lo que yo pueda decir de él me quedaría muy corto, y no porque ya hoy esté muerto, ni porque ayer hubiese un reportaje en el canal de Andalucía, sino porque para mí fue alguien ante quien, ahora y antes, me quitaría el sombrero.
Lo que casi no entiendo ni comprendo es que, con personajes tan emblemáticos y necesarios para la sociedad, podamos tener la sangre fría de dejarlo morir tristemente casi en la ruina. Una persona que tanto aportó a nuestra sociedad. Y no porque quizás fuese un gran político o un gran poeta, sino un gran periodista del que podríamos aprender mucho. Pues como yo, muchos españoles nos quedábamos para escuchar o ver el programa, en la radio o en la tele, del señor Quintero, hasta horas muy tardías si hacía falta.
Con todas las letras en mayúsculas, para el Señor Jesús Quintero, para el Loco de la Colina o el Perro Verde, doy gracias por los buenos ratos que nos hiciste pasar.
Sé que me quedo corto y, por quedarme corto, no recuerdo frases ni dichos de los muchos que él había dicho. Muchas veces, que descanse en paz, y que sus hijas estén muy orgullosas de haber tenido ese gran padre.
Mis queridos amigos y amigas de nuestro Mochuelo, qué alegría, qué orgullo, ir por la vida intentando hacer el bien a los demás, aunque alguna vez puedas meter la pata. ¿Pues quién en esta vida no tropezó alguna vez? Pero lo más importante es el querernos levantar.
Normalmente, a todas aquellas personas de bien, la vida parece que las protege; es algo así como que la suerte les persigue, y puede que sea la suerte, que la vida, esté de su lado. Muchos nos decimos: «¡qué persona con tanta suerte!». Y muchos sabemos que, si algo queremos, hemos de movernos.
Os cuento algo muy particular, que creo va bien con lo que estoy escribiendo. Como sabes, vivo en un pueblo de Barcelona, Martorell para más señas. Pues en los primeros años, no porque no me pudiese permitir esos lujos, pero sí, en cuanto medio podía, intentaba comprar lotería de Navidad para todos mis hermanos, incluso a amigos, algo que no aconsejo.
Pues hasta el año pasado, le dije a un amigo con quien nos intercambiábamos cada año: «no esperes más lotería de mi parte, pues me corto la coleta».
Creí alguna vez que podía tocarme; hoy pienso y creo que la lotería es, o fue, el día que nací, para poder vivir lo ya vivido. Y si algún día llegara, seguro que no la despreciaría.
No me creáis. La lotería, bien vista, es levantarse todos los días con ganas de hacer y soñar; la lotería es el poderte levantar cada día con ganas e ilusiones de poder hacer. Queremos soñar, que la vida es un camino que tenemos que andar; no te quejes, no me llores, no te rindas. Caminante, no hay camino…
Si tú quieres, si tú puedes, no te quejes; date el placer de escribirme. No soy nadie que tenga una varita mágica, pero sí, quizás, un tipo al que le gusta sobre todo vivir. Recuerdo quizás alguna que otra vez que he escuchado «quisiera morirme»; pues no padezcas, no te preocupes, que un día te llegará. Pero mientras tanto, amigo, date el placer y el capricho de vivir.
Un abrazo de nuestro Mochuelo, un saludo de vuestro amigo Juan.

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